Barcelona, 7 de febrero de 2026 | Redacción: Rafa Nández | Esta tarde, el RCD Mallorca de Jagoba Arrasate fue la nueva víctima de una maquinaria que parece no tener fin. Cierto es que en la primera parte del partido, esa maquinaria no estaba bien engrasada, pero Flick ha sabido usar muy bien los 15 minutos al descanso para intervenir y que viéramos otro equipo bien diferente en la segunda parte.

Paciencia y el olfato del ‘9’
El inicio del encuentro fue un ejercicio de resistencia para el conjunto bermellón. El Mallorca plantó un 4-4-2 muy serio, cerrando espacios interiores y obligando al Barça a circular el balón por fuera. Con Dani Olmo moviéndose entre líneas y un Marcus Rashford muy activo por la izquierda, el gol era cuestión de tiempo.
Y llegó en el minuto 29. No fue el gol más estético del año, pero sí uno de esos que definen a un delantero centro de época. Tras un disparo de Rashford que rebotó en la defensa y un pequeño lío en el área tras un toque de Olmo, Robert Lewandowski cazó el balón con la sangre fría que le caracteriza. Control, mirada al hueco y al fondo de las mallas. 1-0 y el Camp Nou se rendía una vez más al polaco, que sigue estirando sus cifras goleadoras en esta Liga, aunque este año no sea el ‘pichichi‘ del equipo.
El show de Lamine Yamal y el debut goleador de Bernal
Tras el descanso, el Barça no quiso especular. Flick, fiel a su estilo de «sangre fría y pies calientes», pidió una marcha más. Y cuando el equipo necesita una marcha más, aparece el dueño del dorsal ’10’. Lamine Yamal decidió que era el momento de poner su firma al partido.
En el minuto 61, tras una jugada que surgió de un córner, Lamine recibió cerca del vértice del área. Amagó con el cuerpo —ese movimiento de cadera que ya es marca de la casa y dejó sentado a más de un defensor— y soltó un latigazo con la zurda que se coló por el palo largo de Leo Román. Un golazo de los que se ven en bucle en redes sociales y que ponía la sentencia virtual al encuentro.
Pero lo más emotivo estaba por llegar. Hansi Flick movió el banquillo y dio entrada a Marc Bernal por Dani Olmo, que volvió a dar un recital de pases clave. El joven de Berga no solo entró para dar equilibrio al medio campo, sino que se regaló (y nos regaló) un momento inolvidable.
En el minuto 83, Bernal recibió un pase de Fermín, se deshizo de Maffeo con un recorte seco que lo mandó al suelo y disparó con potencia. El balón tocó ligeramente en un defensa y acabó entrando. Primer gol de Marc Bernal con el primer equipo y explosión de alegría de sus compañeros, que saben lo que este chico ha trabajado para estar ahí.
Análisis táctico: El orden de Flick no se negocia
A nivel táctico, el Barça volvió a mostrar una madurez envidiable. La pareja de centrales formada por Pau Cubarsí y Eric García (sustituyendo con garantías a los habituales) permitió que el equipo jugara con la línea defensiva casi en el centro del campo. Esto permitió recuperar balones en apenas tres segundos tras pérdida, algo que ahogó por completo a un Vedat Muriqi que hoy fue una isla en el ataque mallorquín.
Mención especial para Joan García bajo palos. Aunque el Mallorca no llegó mucho, el portero azulgrana sacó una mano milagrosa a Antonio Sánchez en el minuto 80 que habría supuesto el 2-1 y un final de partido mucho más nervioso. Seguridad total.
Conclusiones para el «Culer»
Este Barça ilusiona porque no solo gana, sino que convence. Ha sabido gestionar la rotación de minutos —vimos entrar a jóvenes como Tommy Marqués debutando en este curso y unos minutos más de Roony Bardghji— sin que el nivel del equipo bajara. La comunión entre la grada y el banquillo de Flick es total.
El equipo se va a dormir más líder, con 58 puntos en el casillero y la sensación de que, si las lesiones respetan el tramo final de temporada, este año podemos volver a celebrar algo grande en Canaletes.
La frase del partido: «Ver marcar a Marc Bernal es el mejor ejemplo de que la Masia sigue siendo el motor de este club. No es solo un gol, es el futuro llamando a la puerta».
Lo que viene para el Barça
El calendario no da tregua, pero con esta profundidad de banquillo y el estado de gracia de jugadores como Lamine y Lewandowski, el optimismo es obligatorio. El próximo reto será confirmar estas sensaciones fuera de casa, pero hoy, el Spotify Camp Nou duerme feliz.